IdT – Les idées du théâtre


 

Prologue

Ocho comedias, y ocho entremeses nuevos, nunca representados

Cervantes Saavedra, Miguel de

Éditeur scientifique : Canavaggio, Jean

Description

Auteur du paratexteCervantes Saavedra, Miguel de

Auteur de la pièceCervantes Saavedra, Miguel de

Titre de la pièceOcho comedias, y ocho entremeses nuevos, nunca representados

Titre du paratextePrólogo al Lector

Genre du textePrologue

Genre de la pièce Comedias et entremeses

Date1615

LangueEspagnol

ÉditionMadrid, por la viuda de Alonso Martín. A costa de Juan de Villarroel, mercader de libros ... véndense en su casa a la plazuela del Ángel, 1615, In-4°. (Lien vers l’édition numérisée bientôt disponible)

Éditeur scientifiqueCanavaggio, Jean

Nombre de pages3

Adresse sourcehttp://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01305053199460838422680/index.htm

Fichier TEIhttp://www.idt.paris-sorbonne.fr/tei/Cervantes-OchoComedias-Prologue.xml

Fichier HTMLhttp://www.idt.paris-sorbonne.fr/html/Cervantes-OchoComedias-Prologue.html

Fichier ODThttp://www.idt.paris-sorbonne.fr/odt/Cervantes-OchoComedias-Prologue.odt

Mise à jour2014-05-04

Mots-clés

Mots-clés français

GenreAncienne et nouvelle comedia ; églogue ; entremés

DramaturgieDivision des pièces en « journées » (jornadas)

Personnage(s)Négresse ; ruffian ; naïf ; Biscayen ; figures morales

ComédiensComédiens (Lope de Rueda ; Navarro)

ScenographieRudimentaire / machines ; costumes et accessoires (barbes)

ReprésentationConditions matérielles ; musique

RéceptionSuccès / échec ; représentation / lecture

ExpressionStyle ; prose et vers

Relations professionnellesAuteur dramatique ; comédiens ; directeur de troupe ; libraires

AutreDramaturges espagnols (Lope de Vega ; Alonso Remón ; Miguel Sánchez ; Mira de Amescua ; Guillén de Castro ; Gaspar de Aguilar ; Luis Vélez de Guevara)

Mots-clés italiens

GenereVecchia e nuova commedia ; egloghe ; entremés

DrammaturgiaDivisione delle opere in giornate (jornadas)

Personaggio(i)Negra ; ruffiano ; ingenuo ; Biscaglino ; figure moralei

AttoriComici (Lope de Rueda ; Navarro)

ScenografiaRudimentale / macchine ; abiti e robe (barbe)

RappresentazioneCondizioni materiali ; musica

RicezioneSuccesso / insuccesso ; rappresentazione / lettura

EspressioneStile ; prosa e verso

Rapporti professionaliDrammaturgho ; comici ; capocomici ; librai

AltriDrammaturghi spagnoli (Lope de Vega ; Alonso Remón ; Miguel Sánchez ; Mira de Amescua ; Guillén de Castro ; Gaspar de Aguilar ; Luis Vélez de Guevara)

Mots-clés espagnols

GéneroAntigua y nueva comedia ; égloga ; entremés

DramaturgiaDivisión de las obras en jornadas

Personaje(s)Negra ; rufián ; bobo ; vizcaíno ; figuras morales

Actor(es)Lope de Rueda ; Navarro

EscenografiaRudimentaria / tramoya ; vestuario y accesorios (barbas)

RepresentaciónCondiciones materiales ; música

RecepciónÉxito / fracaso ; representación / lectura

ExpresiónEstilo ; prosa y verso

Relaciones profesionalesAutor dramático ; actores ; « autor de comedias » ; libreros

OtrasDramaturgos españoles (Lope de Vega ; Alonso Remón ; Miguel Sánchez ; Mira de Amescua ; Guillén de Castro ; Gaspar de Aguilar ; Luis Vélez de Guevara)

Présentation

Présentation en français

C’est, en 1580, à son retour d’Alger et des prisons barbaresques, que Cervantès, alors âgé de 33 ans, fait ses débuts littéraires. En 1615, un an avant sa mort, il évoque dans ce prologue sa passion du théâtre. Il prend prétexte d’une conversation entre amis pour rappeler tout d’abord comment s’est forgée en Espagne, au temps de sa prime jeunesse, une tradition théâtrale à laquelle a notamment contribué Lope de Rueda, à une époque où les conditions du spectacle étaient encore sommaires. Puis est venu son tour : rentré de captivité, il a composé, nous dit-il, vingt ou trente pièces – parmi lesquelles Numance – jouées non sans succès à Madrid. Toutefois, contraint par la nécessité, il s’est éloigné de la scène alors que, sous l’impulsion de Lope de Vega et de ses émules, la Comedia nueva allait bientôt prendre son essor et connaître, dans les premières années du XVIIe siècle, un plein succès. Cervantès prend ici acte de ce triomphe, mais il lui apparaît surtout comme celui d’un écrivain qui a su se rendre maître d’un système complexe de production et de diffusion, en plein accord avec le goût régnant. Lorsque l’accueil réservé à Don Quichotte consacre son propre retour aux lettres, les préférences du public et des professionnels du théâtre ont donc changé et il ne trouve plus de comédiens pour représenter ses nouvelles pièces. De guerre lasse, il décide alors de les vendre à un libraire qui publie, en 1615, le recueil de ses Comedias et intermèdes, « jamais représentés ». Le prologue de ce recueil n’est pas, tant s’en faut, la contribution d’un historien ; mais la personnalité et la vie de son auteur n’en font pas moins un témoignage du plus haut intérêt.

Présentation en espagnol

En 1580, al volver a España a los 33 años, después de cinco de cautiverio pasados en los baños argelinos, Cervantes inicia su carrera de escritor. En 1615, un año antes de su muerte, da cuenta en este prólogo de su afición al teatro. Con motivo de una conversación entre amigos recuerda, primero, cómo se fraguó en España, durante su mocedad, una tradición teatral a la cual contribuyó, entre otros, Lope de Rueda, en una época en  que las condiciones del espectáculo estaban todavía en mantillas. Luego vino su turno : tras recobrar la libertad, compuso, nos dice, veinte o treinta comedias – entre otras Numancia - que se representaron « sin silbos » en los corrales madrileños. Poco después, las vicisitudes de un vida azarosa le llevan a dejar la pluma y recorrer los caminos de Andalucía como comisario de abastos y recaudador de cuentas atrasadas. Por aquellas mismas fechas, Lope de Vega y sus seguidores están forjando un nuevo tipo de teatro, la llamada Comedia nueva, que va a triunfar en el primer decenio del siglo XVII. Se reconoce aquí este triunfo, pero la monarquía ejercida por Lope se nos describe más bien como la de un sujeto que ha conseguido adueñarse de un negocio, poniendo a su servicio un complejo sistema de producción y difusión, en perfecta adecuación con el gusto reinante. Cervantes vuelve entonces a dedicarse a las letras, imponiéndose como el autor del Quijote. Pero las preferencias de los comediantes, así como las del público de los corrales, ya no van hacia las obras de teatro compuestas por él « al volver a su antigua ociosidad ». A falta de poder hacerlas representar, decide entonces vendérselas a un librero, quien publicará el tomo de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados. El prólogo que editamos a continuación da cuenta da esta trayectoria. Aunque no se trata de la contribución de un historiador, la personalidad y la vida de quien lo firma hacen de este texto un testimonio de enorme interés.

Texte

Prólogo al Lector            

{Fol. IIv} No puedo dejar, lector carísimo, de suplicarte me perdones, si vieres que en este prólogo salgo algún tanto de mi acostumbrada modestia: los días pasados me hallé en una conversación de amigos, donde se trató de comedias y de las cosas a ellas concernientes1, y de tal manera las sutilizaron y atildaron, que a mi parecer, vinieron a quedar en punto de toda perfección. Tratóse también de quién fue el primero que en España las sacó de mantillas y las puso en toldo y vistió de gala y apariencia. Yo, como el más viejo que allí estaba, dije que me acordaba de haber visto representar al gran Lope de Rueda2, varón insigne en la representación y en el entendimiento. Fue natural de Sevilla y de oficio batihoja, que quiere decir de los que hacen panes de oro. Fue admirable en la poesía pastoril, y en este modo, ni entonces ni después acá ninguno le ha llevado ventaja. Y aunque, por ser muchacho yo, entonces, no podía hacer juicio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos ahora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho; y si no fuera por no salir del propósito de prólogo, pusiera aquí algunos que acreditaran esta verdad. En el tiempo deste célebre español, todos los aparatos de un autor de comedias se encerraban en un costal y se cifraban en cuatro pellicos blancos guarnecidos de guadamecí dorado, y en cuatro barbas y cabelleras y cuatro cayados, poco más o menos. Las comedias eran unos coloquios como églogas entre dos o tres pastores, y alguna pastora. Aderezábanlas y dilatábanlas con dos o tres entremeses3, ya de negra, ya de rufián, ya de bobo y ya de vizcaíno, que todas estas cuatro figuras, y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse. No había en aquel tiempo tramoyas, ni desafíos [fol. IIIr] de moros y cristianos, a pie ni a caballo. No había figura que saliese o pareciese salir del centro de la tierra por lo hueco del teatro, al cual componían cuatro bancos en cuadro, y cuatro o seis tablas encima, con que se levantaba del suelo cuatro palmos. Ni menos bajaban del cielo nubes con ángeles o con almas. El adorno del teatro era una manta vieja tirada con dos cordeles de una parte a otra, que hacía lo que llaman vestuario4, detrás de la cual estaban los músicos cantando sin guitarra algún romance antiguo. Murió Lope de Rueda, y por hombre excelente y famoso le enterraron en la iglesia mayor de Córdoba, donde murió, entre los dos coros dónde también está enterrado aquel famoso loco Luis López. Sucedió a Lope de Rueda Navarro, natural de Toledo5, el cual fue famoso en hacer la figura de un rufián cobarde. Éste levantó algún tanto más el adorno de las comedias y mudó el costal de vestidos en cofres y en baúles. Sacó la música, que antes cantaba detrás de la manta, al teatro público, quitó las barbas6 de los farsantes, que hasta entonces ninguno representaba sin barba postiza, y hizo que todos representasen a cureña rasa, si no era los que habían de representar los viejos o otras figuras que pidiesen mudanza de rostro. Inventó tramoyas7, nubes, truenos, y relámpagos, desafíos y batallas, pero esto no llegó al sublime punto en que está ahora. Y esto es verdad, que no se me puede contradecir, y aquí entra el salir yo de los límites de mi llaneza, que se vieron en los teatros de Madrid representar Los tratos de Argel que yo compuse, La destrucción de Numancia, y La batalla Naval8, donde me atreví a reducir las comedias a tres jornadas, de cinco que tenían9. Mostré, o por mejor decir, fui el primero que representase las imaginaciones y los pensamientos escondidos del alma, sacando figuras morales al teatro, con general y gustoso aplauso de los oyentes10. Compuse en este tiempo hasta veinte comedias, o treinta11, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza. Corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas. Tuve otras cosas en que ocuparme, dejé la pluma y las comedias12, y entró luego el monstruo de naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con la monarquía cómica13. Avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes. Llenó el mundo de comedias propias, felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos; y todas, que es una de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar, o oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él solo. Pero no por esto, pues no lo concede Dios todo a todos, [fol. IIIv] deje[n] de tener[se] en precio los trabajos del doctor Ramón14, que fueron los más después de los del gran Lope. Estímense las trazas artificiosas en todo extremo del licenciado Miguel Sánchez15, la gravedad del doctor Mira de Mescua16, honra singular de nuestra nación, la discreción e innumerables conceptos del canónigo Tárrega17, la suavidad y dulzura de don Guillén de Castro18, la agudeza de Aguilar19, el rumbo, el tropel, el boato, la grandeza de las comedias de Luis Vélez de Guevara20, y las que ahora están en jerga del agudo ingenio de don Antonio de Galarza21, y las que prometen Las fullerías de amor de Gaspar de Ávila22, que todos éstos, y otros algunos han ayudado a llevar esta gran máquina al gran Lope.

Algunos años ha que volví yo a mi antigua ociosidad, y pensando que aún duraban los siglos, donde corrían mis alabanzas, volví a componer algunas comedias; pero no hallé pájaros en los nidos de antaño: quiero decir que no hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía; y, así, las arrinconé en un cofre y las consagré y condené al perpetuo silencio23. En esta sazón me dijo un librero que él me las comprara, si un autor de título24 no le hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar mucho, pero que del verso nada25; y si va a decir la verdad, cierto que me dio pesadumbre el oírlo, y dije entre mí: «O yo me he mudado en otro, o los tiempos se han mejorado mucho, sucediendo siempre al revés, pues siempre se alaban los pasados tiempos». Torné a pasar los ojos por mis comedias y por algunos entremeses míos, que con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan malas ni tan malos que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor a la luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos. Aburríme y vendíselas al tal librero; que las ha puesto en la estampa, como aquí te las ofrece. Él me las pagó razonablemente; yo cogí mi dinero con suavidad, sin tener cuenta con dimes, ni diretes de recitantes26. Querría que fuesen las mejores del mundo, o, a lo menos, razonables. Tú lo verás, lector mío, y si hallares que tienen alguna cosa buena, en topando a aquel mi maldiciente autor, dile que se enmiende, pues yo no ofendo a nadie, y que advierta que no tienen necedades patentes y descubierta; y que el verso es el mismo que piden las comedias, que ha de ser de los tres estilos el ínfimo, y que el lenguaje de los entremeses es proprio de las figuras que en ellos se introducen27; y que para enmienda de todo esto le ofrezco una comedia que estoy componiendo, y la intitulo El engaño a los ojos, que , si no me engaño, le ha de dar contento28. Y con esto, Dios te dé salud, y a mí, paciencia.